domingo, 25 de enero de 2009

La Dama Azul

La contienda anglo-española de 1739 a 1748 fue la causa fundamental de la edificación de Nuestra señora de los Ángeles de Jagua, fortaleza que protegió a la bahía de Cienfuegos de los ataques de corsarios y piratas; instalación que es hoy Monumento Nacional y la tercera en importancia del país.

Transmitida por tradición oral de generación en generación, surgió una leyenda, llena de encantadores espejismos, pero siempre grata y entretenida y está relacionada con el primer comandante de la fortaleza don Juan Castillo Cabeza de Vaca y su esposa Leonor de Cárdenas, que fue enterrada en la capilla del lugar.

Cuentan que de noche, cuando la guarnición descansaba y la calma era turbada únicamente por el monótono ritmo de las olas, un ave rara venida de ignotas regiones, de gran tamaño y plumaje lanzaba agudos graznidos y describía sobre el castillo extrañas espirales.

Como si respondiera a un llamamiento de la misteriosa ave, salía de la capilla de la fortaleza, o mejor dicho, se desprendía de sus paredes un fantasma o sombra de mujer, alta, elegante, vestida de brocado azul y cubierta de cabeza a pies por un velo del mismo color transparente y flotaba en el aire para desaparecer súbitamente.

La fantástica visión se repetía varias noches y producía el natural temor entre los soldados. Había en el castillo un joven alférez, recién llegado, arrogante y decidido que no creía en fantasmas y se dispuso una noche a sustituir al centinela. Cuando vio la Dama Azul dominó sus nervios y fue a su encuentro.

¿Qué pasó entre la Dama Azul y el alférez? Nadie lo ha podido averiguar, pero a la mañana siguiente los soldados hallaron al joven tendido en el suelo, sin conocimiento y envuelto en un manto azul. Cuando se recuperó de su letargo había perdido la razón y fue recluido en un manicomio.

Todavía es creencia de algunos supersticiosos que la Dama Azul hace de noche sus apariciones y se pasea impávida sobre los muros de la fortaleza cienfueguera.

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