Mostrando entradas con la etiqueta Leyendas Argentinas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Leyendas Argentinas. Mostrar todas las entradas

lunes, 3 de febrero de 2014

La Mujer de Piedra

 
Esteco era un pueblo tan rico que su gente no se conformaba con las comodidades y hacía uso del vicio y el derroche.
         Cierto día llegó hasta allí un raro personaje que comenzó a predicar la necesidad de volver al camino de Dios y a las buenas costumbres. Era un anciano de vestimenta humilde, larga barba, poco cabello y mirar severo.
         Predicaba a cuanto grupo humano encontraba a su paso, terminando con su profecía.
 
Salta...saltará
San Miguel florecerá
¡Esteco perecerá !
 
          Algunos lo escuchaban por curiosidad, otros con cierto temor, pero la mayoría se burlaba y hasta inventaban bromas para mofarse del castigo que anunciaba el anciano.
          Una familia del lugar le había brindado alojamiento y afecto. El era español, ella india y tenían una hija llamada Milagro. Al atardecer del 13 de setiembre de 1692, cansado ya de predicar sin ningún fruto, el anciano habló a esta familia previniéndoles la  proximidad de un fuerte temblor. Les pidió que se alejaran de Esteco y cuando lo hicieran no se dieran vuelta por más    ruidos y clamores que escucharan.
          En una de las majestuosas residencias del pueblo se celebraba una gran fiesta a la que habían concurrido las más importantes y acaudaladas familias.
          Era ya medianoche. De pronto se oyeron los bramidos de la tierra... ¡Temblor !. ¡Temblor !.
          Milagro y sus padres caminaban a las puertas del pueblo recordando la profecía. ¿Quién era aquel misterioso personaje ? De repente Milagro escuchó una voz conocida que la llamaba y olvidando la prevención del ermitaño se dio vuelta. En este instante se quedó inmóvil, transformada en piedra.
          La orgullosa ciudad de Esteco se perdió. Actualmente en el lugar hay un monte cautivante en cantares y leyendas.

sábado, 2 de mayo de 2009

El Origen de las Flores



Hace mucho, muchísimo tiempo, las plantas aún no tenían flores. En ese entonces vivía en el sur una bella niña tehuelche llamada Kospi, de suaves cabellos y dulces ojos negros. Una tarde de tormenta, cuando el fulgor del relámpago iluminaba todos los rincones de la tierra, Karut (el trueno), la contempló asomada a la entrada del Kau (toldo) de sus padres.

La viò tan hermosa, que a pesar de que él era rústico, hosco y bruto, se enamoró locamente de ella. Ante el temor de que la linda niña lo rechazara, la raptó y huyó lejos, retumbando sobre el cielo, hasta desaparecer de la vista de los aterrados padres de la chica. Al llegar a la alta y nevada cordillera, la escondió en el fondo de un glaciar. Encerrada allí, fue tanto el dolor y la pena que sintió que de a poco fue enfriándose hasta que se convirtió en un témpano de hielo, fundiéndose con el resto del glaciar.

Tiempo después, Karut quiso visitarla y al comprobar su desaparición, se enfureció terriblemente lanzando bramidos de desesperación. Tanto ruido rodó hasta el océano y atrajo muchas nubes que empezaron a llover y llover sobre el glaciar hasta derretirlo completamente. Así, Kospi se transformó en agua y corrió de prisa montaña abajo en torrente impetuoso. Luego se deslizó por los verdes valles y empapó la tierra.

Al llegar la primavera, su corazón sintió ansias de ver la luz, de sentir la cálida caricia del viento y de extasiarse contemplando el cielo estrellado por las noches. Trepó despacio por la raíz y tallo de las plantas y asomó su preciosa cabecita en las puntas de las ramas, bajo la forma de coloridos pétalos. Habían nacido las flores. Entonces todo fue más alegre y bello en el mundo. Por ese motivo es que los tehuelches llamaron Kospi a los pétalos de las flores.

sábado, 10 de enero de 2009

La Laguna de la Niña Encantada


Existe en la provincia de Mendoza una laguna, que es como un engarce mágico en las alturas de las montañas. Fue en tiempos antiquísimos el cráter de un volcán, y como por encantamiento su comba dorada por el fuego se convirtió en una pequeña laguna que es prodigio de belleza. De ella se desprende como hilo de plata un pequeño arroyuelo que bajando de la cumbre va a unirse al Salado después de recorrer un largo trecho entre peñascos bravíos. Los indios la llamaban" Alhué pichitrequen lauquen" (pequeña laguna de Dios que se hiela).
Dice la leyenda que "Elchá Chiamal Cané" (que significa “Espejo” o “doncella de la túnica verde”) fue entregada como prenda de paz por su padre al ser derrotado contra el viejo cacique Calilué, quien la tomó por esposa.
La hermosa india aceptó el sacrificio por la ventura de su pueblo, y la concordia reinaba así entre las dos tribus enemigas.

Sucedió entonces que al morir otro cacique, amigo de Calilué le encargó, la custodia de su apuesto hijo, llamado Cantipán.
Elchá y Cantipán se enamoraron cuando el destino cruzó sus miradas desde el primer encuentro. Por lealtad hacia su padre adoptivo, el joven quiso huir de la mujer que ama, pero Elchá le hizo prometer que escaparían juntos.
La primera noche de luna nueva de la primavera, huyeron los enamorados. Cuando Calilué, descubrió la traición recurrió a su hermana, Ghulcán, quien vanamente había pretendido el amor de Cantipán. La despechada con el auxilio de la hechicera Quetrupillán, partió con el alba en persecución de los jóvenes. Guiada por la bruja llegó a la laguna, en una de cuyas grutas se habían refugiado Elchá y Cantipán.

Queriendo sorprenderlos, la perversa hermana de Calilué fue transformada en lechuza por hechizo de la bruja transportando además en sus garras un ramo mágico de lirios trenzados por Quetrupillán.
Junto a la orilla, los enamorados dando rienda suelta a su amor no percibieron la llegada de la lechuza que al acercase a ellos arrojó sus flores en el regazo de Elchá. Ésta, alborozada al ver las hermosas flores, las colocó sobre su pecho y corrió a contemplarse en las tersas aguas. Pero en cuanto lo hizo quedó transformada en piedra.


Lleno de asombro y horror, Cantipán trató de volverla a la vida besándola apasionadamente. Ante la inutilidad de sus esfuerzos y enloquecido de dolor se arrojó a la laguna.

Ghulcán recobrando la forma humana suplicó a la bruja que salvase al hermoso joven, de cuyo amor no podía desprenderse. Mas, como la bruja tardaba en encontrar el sortilegio necesario, se arroja a la laguna para tratar de rescatarlo.

Preparado el ungüento mágico, la bruja sacó los cadáveres y los devolvió a la vida. Cantipán corrió entonces a abrazar la petrificada figura de su amada.

Ghulcán, loca de celos, trataba de interponerse y acabó confesando su deslealtad a Calilué, y sollozando le pide perdón, y culpa de todas sus desgracias a la bruja Quetrupillán. Esta, al verse descubierta quiso huir; recogió el ramo de lirios y, sin desearlo, se contempló en el agua. Instantáneamente obró el sortilegio y desapareció en las aguas con las flores al cuello, convirtiéndose en una roca negra.

Cantipán, estupefacto, comprendió que en el ramo lirio estaba el encantamiento, y para recuperado y, volver a la vida a Elchá se arroja de nuevo a la laguna.

Ghulcán, ante el fracaso, sigue al que amó inútilmente hacia el desconocido fondo del cual nunca regresarán...

Dicen que en las noches de luna nueva aún se escucha la queja lastimera de los enamorados, mientras con sus ojuelos vivaces, una lechuza, donde se refugió el alma de Ghulcán, ronda, presa del encantamiento...
Y así corre entre los paisanos de la tierra de los huarpes esta tierna leyenda.
Hay quienes refieren que la laguna en noches silenciosas emite en el cascabeleo de sus aguas, un lamento suave y profundo. Son las voces de Elchá y Cantipán que aún esperan a alguien que los despierte del encantamiento.

*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*