lunes, 3 de febrero de 2014

La Mujer de Piedra

 
Esteco era un pueblo tan rico que su gente no se conformaba con las comodidades y hacía uso del vicio y el derroche.
         Cierto día llegó hasta allí un raro personaje que comenzó a predicar la necesidad de volver al camino de Dios y a las buenas costumbres. Era un anciano de vestimenta humilde, larga barba, poco cabello y mirar severo.
         Predicaba a cuanto grupo humano encontraba a su paso, terminando con su profecía.
 
Salta...saltará
San Miguel florecerá
¡Esteco perecerá !
 
          Algunos lo escuchaban por curiosidad, otros con cierto temor, pero la mayoría se burlaba y hasta inventaban bromas para mofarse del castigo que anunciaba el anciano.
          Una familia del lugar le había brindado alojamiento y afecto. El era español, ella india y tenían una hija llamada Milagro. Al atardecer del 13 de setiembre de 1692, cansado ya de predicar sin ningún fruto, el anciano habló a esta familia previniéndoles la  proximidad de un fuerte temblor. Les pidió que se alejaran de Esteco y cuando lo hicieran no se dieran vuelta por más    ruidos y clamores que escucharan.
          En una de las majestuosas residencias del pueblo se celebraba una gran fiesta a la que habían concurrido las más importantes y acaudaladas familias.
          Era ya medianoche. De pronto se oyeron los bramidos de la tierra... ¡Temblor !. ¡Temblor !.
          Milagro y sus padres caminaban a las puertas del pueblo recordando la profecía. ¿Quién era aquel misterioso personaje ? De repente Milagro escuchó una voz conocida que la llamaba y olvidando la prevención del ermitaño se dio vuelta. En este instante se quedó inmóvil, transformada en piedra.
          La orgullosa ciudad de Esteco se perdió. Actualmente en el lugar hay un monte cautivante en cantares y leyendas.

lunes, 27 de enero de 2014

La Montaña Lang Bien




Hace muchos años - más de los que tenemos tú y yo-. Vivía en esta zona una bonita chica, era la hija de unos de los jefes tribales de la zona - pertenecía a una de las 54 minorías étnicas del país-. Ella, diariamente paseaba por el bosque en busca de comida, plantas medicinales que sus parientes la encargaban, pues estaba especializada en la búsqueda de plantas; era una rara cualidad de toda la familia que se transmitía por medio de una larga tradición oral; su madre desde pequeña la revelaba antes del sueño diario.
Quizás nunca ella pensó con anterioridad que esto pudiera ser una ventaja ante otras mujeres de la aldea; pero,  poco a poco se fue haciendo famosa en la zona hasta donde llegaban personas desde muy lejos con la esperanza de poder ser tratada de los males propios de la selva, malaria, encefalitis, virus tropicales, mordeduras de serpientes, picaduras de escorpiones; incluso también de hormigas que dejaban unas picaduras de aspecto muy desagradable. Ella no sabia como administrarlo, ignoraba las dosis que debía de mandar para curar; pero, tenia los secretos de la selva que poco a poco la transmitían, además tenía la información de su madre que noche a noche la contaba; ella,  día a día hacia nuevos descubrimientos y remedios, incluso para cosas tan simples como un golpe en un pierna o una simple subida de temperatura, para todo ello era capaz de darle una  solución más adecuada. ¿Quién revelaba sus secretos y conocimientos tan elevados?, ¿era brujería?.. era una pregunta que se hacia toda la familia y parte de la aldea.
Un día, fue espiada por su padre: la siguió con mucho sigilo, sin que ella pudiera apercibirse de su presencia. Encontró a un joven que la acompañaba, era de otra etnia rival por su indumentaria, ellos no hablaban, su comunicación era por pedio de signos (en Vietnam algunas étnicas tienen su idioma propio). Durante horas recolectaron lo que la selva tiene tan a mano y para todos los humanos nos son tan necesarias y a la vez tan desconocidas. Al llegar a la aldea el padre pidió explicaciones a su hija de su comportamiento. Por una parte no podía prohibir una relación tan necesaria para la comunidad. Pero por otra parte peligraba la reputación de la familia y también lo que significaba como jefe de la aldea.
El jefe prohibió su salida de la aldea y la mantuvo confinada en un lugar que solamente ellos dos conocían, era un pequeño risco alejado de la casa de los padres. Día a día la hija fue entristeciéndose por la pena tan grande que su padre la hacia pasar. Dejo de comer y beber hasta llegar a la muerte.
En el lugar donde fue confinada la hija fue enterrada, era un lugar alejado del pueblo, fue elegido por miedo a la vergüenza que supuso para toda la familia. Este pequeño risco fue creciendo día a día, metro a metro hasta convertirse en la montaña de Lang Bien, con sus 2.163 m. donde habita el espíritu de una mujer. De otra parte, el chico enfermo de sufrimiento: dejo de comer y beber. Posteriormente también murió dando lugar al crecimiento de otra montaña llamada Bi Dup de 2.287 metros donde vive aún espíritu de un hombre. Desde el pico de ambas montañas, si miras con mucha atención, se puede ver como llora la montaña Lang Bien, como sus lágrimas se encauzan montaña abajo, hasta llegar a formar los afluentes que posteriormente desembocaran en el río Dung. Desde la montaña Bi Dup, también se puede ver como llora; como las lagrimas discurren por la montaña hasta formar los afluentes que desembocan en el rió Da Nhim. Si mantenemos el silencio, podemos escuchar: los gemidos de lamento de los novios, como se comunican  de una montaña a otra por medio de susurros y como se oscurecen la luz ante tan magnifico desastre.
De esta historia podemos sacar muchas lecturas pero una es la más evidente, con la muerte de ambos no murió el amor que aún perdura…se llevo los secretos de la selva que nos son tan necesarios para las personas. Todos conocemos una historia parecida: en esta se puede ver la influencia que China tiene en toda la zona. Representa el Yin y el Yan, el día y la noche, las fuerzas buenas y las fuerzas malignas.

Amor de primavera




Hace muchos años, en un lejano país, vivía una hermosa joven, era muy bonita y, además, una bordadora primorosa, por lo que muchos hombres ricos la pretendían como esposa, pero ella los rechazaba.
La muchacha decía: Sólo me casaré con el hombre que pueda teñir los hilos de rosca de una rosa que no se decolore, además debe tejer diez metros de seda sin uniones”.
A cierta distancia de allí, vivía un joven tejedor. Un día, una avecilla volando se había enredado en su telar rompiéndose un ala. El muchacho cuido del pájaro hasta que recobro su salud, después de aquello siempre permanecieron juntos ave y joven. Así cuando, aún muy joven, sus padres murieron su única compañía fue el pajarillo. Poco antes de morir, la madre del tejedor había plantado un árbol en el patio de la casa.
Un día, el pájaro trajo noticias importantes. – No muy lejos de aquí vive una muchacha hermosísima- dijo el animalillo.- Es una hábil bordadora, y ha dicho que se casará con el hombre que pueda tejer diez metros de seda sin costuras y que tiña el hilo de rosca en un color rosa que no decolore jamás ."
El muchacho eligió sus mejores hilos de seda y comenzó a tejer. Para él, tejer diez metros de seda sin costuras no era problema, pero ¿Cómo teñir la seda en el color rosa que no se desluce nunca?...
Afortunadamente, el pájaro tenía la solución. Condujo al muchacho ante un hada, que vivía en las montañas .Ésta era también una bordadora sin rival y, después de escuchar la historia del tejedor, prometió ayudarle.
- Todos los colores palidecen con el tiempo- dijo el hada.
- E l único tinte que no pierde color es la sangre. Debes pincharte los dedos y recoger la sangre, después úsala para teñir la seda. "
El joven siguió las instrucciones del hada pero, después de siete días, había perdido tanta sangre que apenas podía tenerse en pie. Pero el pájaro le ayudaba, trayéndole alimentos y hierbas medicinales para curar sus heridas. Por fin tras diez días de sufrimientos, los hilos de rosca estuvieron teñidos con un hermoso tono rosa envueltos en un bonito paño.
Acompañado por el pájaro, el muchacho llevó el fruto de su esfuerzo a la casa de la muchacha. Sus pretendientes ricos estaban también allí, todos habían llevado sus trabajos de seda y los paquetes con hilos de rosca. La muchacha recogió los paños de seda y los hilos de rosca. Entonces tomó un pequeño espejo y una aguja, que había heredado de su padre; sostuvo el espejo cerca de la tela y, en la imagen del espejo, vio las costuras de los paños y enhebrando un hilillo rosado en su aguja, vio que el color era pálido. La muchacha repitió estas pruebas con todos los trabajos de los pretendientes, hasta que llego al paño tejido por el joven.
Mirando en su espejo, vio que la seda brillaba como la superficie de un lago. Y cuando examinó con su aguja el hilo del tejido, brilló intensamente en un color rosa profundo. Era tan bonito que la muchacha accedió de inmediato a casarse con el tejedor. La gente corrió a felicitar a la pareja, pero los pretendientes ricos despreciados por la muchacha se marcharon muy enojados.

Uno de estos pretendientes, despechado, fue a ver al rey, un anciano que, debido a su miedo irracional al fuego, nunca había salido de su palacio. A pesar de su avanzada edad, el anciano rey gustaba de la compañía de hermosas y jóvenes muchachas. Al escuchar la historia de la bella tejedora, el rey ordenó que fuese conducida a su presencia.
La feliz pareja, entre tanto, no era consciente del peligro que se cernía sobre ellos.
Cierto día mientras la muchacha estaba ocupada en bordar una camisa de seda, su marido confesó como había teñido los hilos de aquel color rosa, entonces ella emocionada bordó unas flores en la camisa con cinco pétalos como cinco son los dedos, como símbolo de amor a su marido.
La camisa era tan hermosa que la gente venia para admirarla. Una mañana acababa de ponérsela cuando aparecieron los soldados del rey, apresaron al tejedor y se llevaron a la muchacha por la fuerza, el pájaro intentó ayudarles, pero fue herido de muerte por un soldado.
El viaje hasta el palacio real era largo y cuanto más se alejaba de su hogar, más desesperada estaba la muchacha. Rasgó las flores bordadas de su camisa y las lanzó al viento y e imploró una petición: - Por favor lleva estas flores a mi amor”.
El viento cumplió su súplica llevando las flores bordadas hasta donde estaba su esposo. Cuando por fin el tejedor llegó a la casa, se sorprendió al ver el árbol que su madre había plantado cubierto de flores rosas.
La muchacha incapaz de soportar vivir con un rey viejo, se quitó la vida ahorcándose con su camisa de seda. Cuando los soldados llegaron al palacio, fueron convocados ante el rey y explicaron que la muchacha, echando de menos a su marido, se había matado . Al oír esto, el rey se encolerizó tanto que ordenó a sus hombres volver encarcelar al tejedor.
Cuando, a la mañana siguiente, el tejedor volvió junto al floreciente árbol, oyó un susurro en el viento.
- Amor mío, debo ocultar las flores antes de que los soldados del rey las destruyan, tienes que marcharte, huye lejos de aquí -. Nada más escuchar las palabras soplo un fuerte viento que cambio el color de las flores y se marchitaron.
El muchacho decidió ir a la capital, porque todavía esperaba encontrar a su esposa, pero antes, se detuvo en la casa del hada, ésta le dijo:
-Si quieres ver a tu esposa debes matar al malvado rey pero para tener éxito necesitarás la ayuda del pequeño pajarillo- advirtió el hada.
-Pero el pájaro está muerto -. Se lamentó el tejedor, -no puedo devolverle la vida-
Entonces el hada le dijo: Entierra el cuerpo del ave bajo el árbol que tu madre plantó y cuando llegue la primavera y se levanten los muertos, el pajarillo volverá a la vida -.
El tejedor siguió sus instrucciones y, a la primavera siguiente, unos pequeños brotes rosados aparecieron en el árbol. Días más tarde, el pájaro apareció. Acompañado por el pájaro, el tejedor reemprendió viaje hacia la capital disfrazado como vendedor de carbón y llevando un ramillete de flores rosadas.
Cuando llego a la corte, el tejedor se acercó a un guardia y solicitó permiso para presentar al rey las flores. El rey ordenó al extranjero que se acercase y se agachó para admirar la frescura de las flores, en ese instante la rama estalló repentinamente en llamas. El fuego quemo la barba del rey y las llamas se extendieron rápidamente por sus trajes hasta abrasarlo.
No era magia, lo que había sucedido es que el astuto tejedor había colocado un pedazo de carbón encendido en el ramillete y, al acercarse el rey, había soplado sobre las ascuas, provocando un pequeño fuego que rápidamente prendió las ropas del rey.
El joven encontró la camisa con la que su esposa se había quitado la vida, la enterró bajo el árbol de su madre. A la mañana siguiente, la camisa estaba cubierta de flores.
El pájaro entonces condujo al tejedor hasta un denso bosque. Dentro del hueco que había en un gran tronco de árbol, estaba el cuerpo de su esposa. Después el pájaro dio instrucciones: el joven envolvió el tronco en la camisa y de repente, se quebró la madera del tronco en millares de astillas, la joven apareció y caminando se acercó al joven. El tejedor, su esposa y el pájaro regresaron a su casa impacientes por compartir su felicidad, se presentaron a sus vecinos con las flores rosadas de su árbol. Estas flores de color rosa, ahora son conocidas como flores de melocotón, son un símbolo de la dedicación y del amor. Cada primavera, estas hermosas flores reaparecen, al igual que el amor de los fieles amantes.

sábado, 7 de septiembre de 2013

La Flor de Peonia

La princesa Aya debía casarse con el príncipe Ako. Las familias de los dos jóvenes habían decidido el matrimonio y todos los preparativos necesarios estaban hechos.
La tarde del día anterior a la boda, la princesa paseaba por su jardín, mirando melancólicamente aquellos lugares tan amados y familiares que debía abandonar para siempre, y amargas lágrimas brotaban de sus ojos y resbalaban por sus rosadas mejillas.
Al llegar a un rincón del jardín oyó un suspiro que respondía al suyo. Se volvió, e imaginad el asombro que sentiría al ver detrás una planta de peonías, que eran sus flores predilectas, a un hermosísimo príncipe envuelto en un manto de terciopelo, salpicado de peonías recamadas en oro. El joven miró a la muchacha con ojos dulcísimos y entreabrió sus labios con una sonrisa triste que penetró hasta el fondo del corazón de Aya; luego desapareció en forma misteriosa.
Profundamente turbada por aquel encuentro, Aya regresó muy despacio al palacio y dijo a su padre que por nada del mundo se casaría con el príncipe Ako, ya que solamente amaba al misterioso joven del jardín. El anciano príncipe, que adoraba a su hijita, mando a suspender la boda y destacó por todo el mundo caballeros y servidores en busca del desconocido joven, del cual se había enamorado su hija.
Los mensajeros escalaron montes escarpados, recorrieron inmensas llanuras, atravesaron ríos caudalosos y áridos desiertos, pero todo fue en vano; el misterioso joven no aparecía por ninguna parte. Todos tuvieron que regresar al castillo con las manos vacías.
Entonces el anciano príncipe, que era muy sabio, dijo a su hija:
-Querida niña, el joven que vieron tus ojos no es una criatura de este mundo, ya que si así fuera mis hombres lo habrían encontrado. Debe de ser el espíritu de la peonía, desde el momento que te apareció precisamente detrás de una planta de estas flores. Por eso, tu deseo es irrealizable; comprende que no puedes casarte con un espíritu. Mañana estará aquí el príncipe Ako y celebraremos la boda. He dicho.
Aya inclinó la cabeza en señal de obediencia; comprendía que su padre tenía razón y que no podía seguir obstinándose en aquel capricho. Empero, corrió al jardín para saludar por última vez a sus flores preferidas y , arrodillada junto a la planta de peonías, estalló en sollozos. Las lágrimas manaban a raudales de sus ojos y regaban la tierra. Bajo aquella benéfica rociada de lagrimas, una flor bellísima floreció, una flor como jamás viose otra igual.
A la mañana siguiente los invitados a la boda, al pasar junto a la plante de peonías, no podían dejar de detenerse y admirar aquella flor magnífica. Pero cuando, después de la ceremonia nupcial, volvieron a pasar por allí, vieron la espléndida peonía que yacía en el suelo marchita.
El corazón de la flor no soportó el dolor de ver a la princesa Aya esposa de otro, y se había roto.
 

El Rey que llegó del mar


Dinamarca llevaba mucho tiempo sin jefe y por eso nadie respetaba las leyes: los fuertes vivían a costa de los débiles y los pobres eran maltrataos y considerados como esclavos.
Un día los habitantes de la costa vieron avanzar por el mar un navío con velas escarlata, adornado con guirnaldas de flores alrededor de la borda, brillante de oro y piedras preciosas. El navío se detuvo al llegar a la playa, pero nadie descendió de él y su vela se plegó sola .Entonces acudieron los pescadores de las aldeas cercanas para contemplar aquel misterioso buque, pero nadie se atrevió a acercarse a el. Al día siguiente llegaron los campesinos de la comarca, enterados de la llegada del extraordinario velero, y se arremolinaron en la playa , contemplándolo llenos de inquietud. Por último, al tercer día llegaron los fuertes guerreros del país que, blandiendo sus formidables armas, asaltaron la borda del desconocido navío y subieron hasta el puente, lanzando terribles gritos de guerra. Allí, dormido sobre el puente, encontraron un niño :una corona de oro ceñía su cabecita y en torno a él se hallaban acumulados toda suerte de objetos preciosos, que constituían un riquísimo tesoro.
Estupefacto, los guerreros comprendieron que los dioses, benévolos, habían enviado aquella nave en signo de paz y como presagio de prosperidad y gloria .Se arrodillaron entones, alzaron en sus rudas y temblorosas manos al pequeño, y llevándole en un escudo, atravesaron la multitud aclamaste, conduciéndole hasta el lugar del consejo de Dinamarca, imponiéndole el nombre de Skiold, que en el idioma del país quiere decir “escudo”

Skiold fue, en efecto, el defensor de Dinamarca; pronto se hizo famoso por su bondad y espíritu de justicia. Terrible contra el enemigo sabia , en cambio , ser bondadoso con los débiles y los humildes y generoso con todos sus fieles, siendo así amado por todos. Los años pasaron veloces, trayendo a Dinamarca la paz y la prosperidad. Cuando Skiold , ya anciano , sintió que la muerte estaba próxima , convoco a sus guerreros y les dijo:
-Amigos, cuando mis ojos se cierren en el sueño eterno, llevaréis mi cuerpo al navío que me trajo hasta aquí y me abandonéis a merced de las olas. Yo me iré contento sabiendo que he cumplido mi misión en la tierra.
Cuando el rey murió , sus súbditos le ciñeron, la corona, le vistieron con sus más ricos ropajes, ciñeron a su costado la gloriosa espada, y levantándole en un escudo, lo llevaron en medio del gentío sollozante , hacia el mar.Llegados a la playa, subieron a navío y le dejaron en el puente; entonces, cada uno de sus súbditos, fue darle ultimo adiós a su amado soberano, ofreciéndole los más ricos presentes. Cuando, en torno al cadáver de Skiold, se reunió un verdadero tesoro, ofrende del reconocimiento de un pueblo por que el había hecho tanto, la vela escarlata se izó y el navío se hizo a la mar. Nadie supo nunca hacia que región navegaba se dijo que los dioses que lo habían enviado, lo clamaban ahora para ellos, más allá de las tinieblas e los mares desconocidos. Según la leyenda el buque surca las aguas misteriosamente.

La leyenda del Calafate

Se dice que cierta vez Koonex, la anciana curandera de una tribu de tehuelches, no podía caminar más, ya que sus viejas y cansadas piernas estaban agotadas, pero la marcha no se podía detener. Entonces, Koonex comprendió la ley natural de cumplir con el destino. Las mujeres de la tribu confeccionaron un toldo con pieles de guanaco y juntaron abundante leña y alimentos para dejarle a la anciana curandera, despidiéndose de ella con el canto de la familia. Koonex, de regreso a su casa, fijó sus cansados ojos a la distancia, hasta que la gente de su tribu se perdió tras el filo de una meseta. Ella quedaba sola para morir. Todos los seres vivientes se alejaban y comenzó a sentir el silencio como un sopor pesado y envolvente. El cielo multicolor se fue extinguiendo lentamente. Pasaron muchos soles y muchas lunas, hasta la llegada de la primavera. Entonces nacieron los brotes, arribaron las golondrinas, los chorlos, los alegres chingolos, las charlatanas cotorras. Volvía la vida. Sobre los cueros del toldo de Koonex, se posó una bandada de avecillas cantando alegremente. De repente, se escuchó la voz de la anciana curandera que, desde el interior del toldo, las reprendía por haberla dejado sola durante el largo y riguroso invierno. Un chingolito, tras la sorpresa, le respondió: "nos fuimos porque en otoño comienza a escasear el alimento. Además durante el invierno no tenemos lugar en donde abrigarnos." "Los comprendo", respondió Koonex, "por eso, a partir de hoy tendrán alimento en otoño y buen abrigo en invierno, ya nunca me quedaré sola" y luego la anciana calló. Cuando una ráfaga de pronto volteó los cueros del toldo, en lugar de Koonex se hallaba un hermoso arbusto espinoso, de perfumadas flores amarillas. Al promediar el verano las delicadas flores se hicieron fruto y antes del otoño comenzaron a madurar tomando un color azulmorado de exquisito sabor y alto valor alimentario. Desde aquél día algunas aves no emigraron más y las que se habían marchado, al enterarse de la noticia, regresaron para probar el novedoso fruto del que quedaron prendados. Los tehuelches también lo probaron, adoptándolo para siempre. Desparramaron las semillas en toda la región y, a partir de entonces, "el que come Calafate, siempre vuelve."

viernes, 8 de marzo de 2013

La dama de los ojos sin brillo

 
La infanta Catalina de Austria, duquesa de Saboya recibió en Toledo una majestuosa fiesta en una noche que se hizo memorable en los anales de nuestra ciudad por el indudable porte de los asistentes a tan sonado festín…

A media noche, cuando aún resonaban las campanadas en el reloj del monasterio de Santo Domingo el Real, cercano a donde se realizaba el acto, uno de los nobles caballeros invitados al ágape, a la sazón consejero general de Finanzas y auditor de su Majestad don Sancho de Córdoba, presenció como una bella dama pasaba sigilosamente entre los grupos allí congregados.

Atraído por la belleza de la dama, y la fascinación que inspiraba, a ella se aproximó e invitó para acompañarle en el baile que en ese momento comenzaba. No recibía respuesta a sus palabras de elogio de tan bella mujer, a la que ahora guiaba. La sensación que emanaba era de una lividez extrema de su rostro que, incluso facilitaba la sensación de no pisar la maravillosa alfombra que adornaba el área destinado a la danza en tan bello palacio toledano.

Tras finalizar el baile, salieron al patio exterior, maravillosamente adornado con innumerables plantas, al estilo de cómo se hace en Toledo durante el Corpus, que no quedaba muy lejano, y de las que emanaban un frescor acompañado por el murmullo de una fuente central magníficamente realizada. Hacía cierto frescor nocturno y la dama no tapaba su generoso escote con alguna prenda de abrigo, por lo que él, puso su roja capa con noble broche de oro sobre los hombros de la dama, que caminaba sin decir palabra. Tan sólo, tras acoger la capa en sus blancos hombros profirió una queja, un lamento: “Qué frío”.

Llevó el caballero a la Dama dando un breve paseo hacia su residencia, y al llegar cerca del Miradero, la dama rompió su silencio de nuevo:

- Caballero, no de un paso más en mi compañía, pues de seguir a mi lado me haría una grave ofensa. Envíe al día siguiente a un criado a por su capa a la calle Aljibes, en la casa de la Condesa de Orsino.

El caballero accedió cortésmente con la esperanza de ser él mismo el que recogiera la capa.

La dama se perdió entre las sombras de la noche toledana, mientras él la veía alejarse lentamente, observando fascinado el suave caminar de ésta.
Durante la noche, no dejó el caballero de pensar en la intrigante y fría belleza de la dama. Pero lo que más le intrigaba era su mirada: sus ojos no tenían brillo.

Al día siguiente, dirigióse él personalmente en busca de la capa. El palacio estaba en una estrecha calleja en cuyo fondo se observaba una cruz. Llamó al enorme portón de madera y al poco se escucharon unos pasos y el descorrer de un pesado cerrojo tras el que se abrió un pequeño cuarterón de la puerta tras el que un anciano le preguntó qué era lo que deseaba. Preguntó por la dama, a lo que el anciano respondió que allí nadie vivía que respondiese a esa descripción, aunque permitió el paso del caballero, que fue recibido posteriormente por una noble señora enlutada, a la que refirió toda la historia acontecida la pasada noche. La dama le respondió que probablemente habría sido objeto de una pesada broma, puesto la dama a la que él hacía referencia, por la notable descripción realizada, era su hija y ya iba para dos meses que era muerta y enterrada.

El caballero sintió pesar por lo que creía una terrible equivocación, y cuál no fue su sorpresa que, buscando el salir de la casa, levantó los ojos y contempló un cuadro de gran tamaño que representaba a una dama exactamente igual a la de la noche anterior: el mismo rostro, el mismo vestido, el mismo anillo en su mano izquierda…

- Señora ¿quién es esta hermosa dama?
- La misma hija que por desgracia os dije que perdí.
- Pero… ¡si es la misma a la que yo anoche acompañé!
- Caballero, de nuevo ofendéis mi casa… Soñáis, acaso, o sois presa de alucinación, pues ya os dije que hace tiempo que falleció.

Como hechizado salió de esta casa y regresó a su palacio. Pasó dos días con terrible pesar, seguro de lo que había vivido aquella noche.

A la mañana siguiente, un hombre se presentó con la roja capa, que puso sobre los hombros de la dama aquella noche… Había reconocido al dueño de la capa por las armas del broche que portaba…

- ¿Dónde la hallaste? Preguntó con ansiedad el caballero.
- En el Campo Santo, junto a la tumba de la condesita de Orsino.

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