Se cuenta en las pampas cercanas de la ciudad de Chucuito, cubiertas actualmente por las aguas del lago Titicaca, donde existía una floreciente población, que en cierta ocasión llego una mujer forastera cargado en su espalda una gran tinaja o huakulla de barro con una tapa bien ajustada.
Vencida por la fatiga se alojó en una casa después de muchas suplicas. La gente del pueblo se habían olvidado de las normas de hospitalidad, pero ella aún a pesar del mal recibimiento se quedó.
Al siguiente día muy temprano quiso continuar su viaje. Había pasado una noche mala por falta de cama y alimentos, ya que la habían alojado en un rincón de la cocina y no la habían invitado a cenar.
A causa de ello no tenia fuerza para llevar la huakulla. Por esta razón suplicó a los dueños, que le permitieran dejar su tinaja allí. Ellos le permitieron hacerlo hasta su regreso. La mujer había advertido que por nada del mundo abriesen el recipiente y los dueños de la casa aceptaron la promesa que la mujer les pidió de no hacerlo.
Pero a penas la mujer se hubo alejado, empezaron a preguntarse qué extraño misterio encerraba la tinaja. No podían soportar la inquietud y con esperanzas de hallar algo muy valioso quitaron la tapa. Entonces muy consternados vieron brotar un violento chorro de agua. El agua salía interminablemente y acabó inundando toda la comarca y los habitantes de los Moradores, no tuvieron tiempo para escapar. Juntamente con el chorro de agua salieron los peces, gaviotas, flamencos, patos, patos, q’eñola, qaslachup’uquña y todas las aves y seres vivientes que en la actualidad viven en las aguas de Titicaca, que a su vez son el efecto de la ambición y la curiosidad de los habitantes de ese pueblo.
Se cuentan también que a ciertas horas de la noche y en determinados días de la semana se observa en el fondo de lago una ciudad desaparecida.
viernes, 20 de noviembre de 2009
El Lago Titicaca
Publicado por Abril 1 comentarios
Etiquetas: Leyendas Peruanas
jueves, 6 de agosto de 2009
Leyenda del castillo de Dunstanburgh
Cuenta la leyenda que en un horrible día de tormenta y asediado por los rayos, el caballero Sir Guy the Seeker buscó refugió, junto a su corcel, en las ruinas del castillo de Dunstanburgh (Northumberland,Inglaterra). Allí se le apareció un hechicero quien le instó a seguirle hasta un lugar donde sería recompensado con una mirada de luminosa belleza.
El caballero así lo hizo y tras descender por una tortuosa escalera espiral se detuvieron en un enorme salón. En la estancia encontró unos cien caballeros con sus respectivos corceles, todos ellos dormidos. Pero lo que atrajo la atención de Sir Guy fue una urna de cristal situada en el centro de la habitación, dentro de la cual yacía plácidamente dormida la más bella doncella que jamás había visto. Hay quien dice que la urna estaba custodiada por dos enormes serpientes, otros cuentan que el guardian de la doncella era una siniestra gárgola.
El hechicero mostró al caballero una espada y un cuerno, explicándole que sólo la elección correcta de uno de los dos objetos podría salvar a la dama. Tras meditarlo brevemente Sir Guy optó por el cuerno que rápidamente hizo sonar. Al instante los cien caballeros despertaron avalanzándose sobre él. Ante el suceso, y mientras oía una voz que constantemente le repetía que se había equivocado en la elección, el caballero desfalleció. Cuando recobró la consciencia estaba tumbado a los pies de la entrada del castillo.
Desde aquel instante decidió buscar a la doncella y no parar hasta encontrarla y poder salvarla. Pero por más que buscó y buscó no la halló, y así pasaron los años, falleciendo finalmente sólo y desolado.
Se dice que en los días de tormenta, cuando los truenos suenan, las olas rompen bruscamente sobre las piedras del castillo y el viento aulla con fuerza, el fantasma de Sir Guy vaga por los austeros pasadizos y la tortuosa escalera espiral del castillo en ruinas en busca de la bella dama que no pudo salvar. Dicen que en esos días se puede oir su angustioso grito llamando a la bella milady.
Publicado por Abril 1 comentarios
Etiquetas: Leyendas Anglosajonas
sábado, 1 de agosto de 2009
Leyenda del Maquech
Esta es la leyenda de una bella princesa que tenía los cabellos como las alas de las golondrinas; por eso se llamaba Cuzán, que es el nombre maya de ese ave. Las historias de la belleza de Cuzán se contaban en todo el reino, más allá de los muros de la ciudad sagrada de Yaxchilán.
Cuzán era la hija preferida de Ahnú Dtundtunxcaán, el Gran Señor que se sumerge en el cielo. Era alegre y feliz, y su rostro brillaba como el sol cuando su padre ponía a sus pies lo más bello de sus tesoros de guerra.
Cuando Cuzán tuvo edad para el matrimonio, su padre concertó la unión con el hijo del Halach Uinic de la gran ciudad de Nan Chan; el príncipe Ek Chapat, el futuro Señor del Reino. Cuzán aceptó la elección de su padre.
Un día, al regresar de la guerra, el rey envió los tesoros del botín a Cuzán. Cuando la princesa fue a la sala del Gran Palacio para agradecerle a su padre el rico presente, lo halló acompañado de un hermoso joven llamado Chalpol, Cabeza roja, porque su cabello era de color encendido.
Sus almas quedaron atrapadas en un lazo de fuego. El corazón desbocado de la princesa sólo hallaba sosiego en el nombre de Chalpol. Juraron no olvidarse nunca y se amaron con locura bajo la ceiba sagrada, donde los dioses escuchan las plegarias de los mortales.
Todos en la ciudad sabían que Cuzán estaba prometida al príncipe Ek Chapat de la ciudad de Nan Chan; por eso cuando el rey supo que Chalpol era el amante de su hija, ordenó que fuera sacrificado. Cuzán le suplicó que le perdonara la vida, pero todo fue en vano.
El día señalado Chalpol fue pintado de azul para la ceremonia del sacrificio. Hasta el atrio del templo llegaba el aroma del copal que se quemaba para expulsar los espíritus.
Con los ojos llenos de lágrimas, Cuzán volvió a pedir a su padre que no lo sacrificara, prometiendo que jamás lo volvería a ver y que aceptaría con obediencia ser la esposa del príncipe de Nan Chan.
Después de consultar con los sacerdotes, el Halach Uinic le perdonó la vida, bajo la única condición de que su hija se encerrara en sus habitaciones. Si salía, Chalpol sería sacrificado. En la soledad de su alcoba, la princesa entró en la senda del misterio.
En el silencio de la noche, fue llamada a presentarse ante el Halach Uinic. Cuando llegó a los patios del templo sus ojos buscaron los de su amado. Tembló al pensar que lo hubieran sacrificado.
Le preguntó a su padre, quien sólo sonrió. Un hechicero se le acercó ofrecieéndole un escarabajo y le dijo:
“Cuzán, aquí tienes a tu amado Chalpol. Tu padre le concedió la vida, pero me pidió que lo convirtiera en un insecto por haber tenido la osadía de amarte”.
La princesa Cuzán lo tomó y le dijo: “Juré nunca separarme de ti y cumpliré mi juramento”.
El mejor joyero del reino lo cubrió de piedras preciosas y le sujetó una de sus patitas con una cadenita de oro.
Ella lo prendió a su pecho y le dijo: “Maquech, eres un hombre, escucha el latido de mi corazón, en él vivirás por siempre. He jurado a los dioses no olvidarte nunca”. Maquech, los dioses no han conocido nunca un amor tan intenso y tan vivo como este que consume mi alma”.
La princesa Cuzan y su amado Chalpol, convertido en Maquech, se amaron por encima de las leyes del tiempo, con un amor colmado de eternidad.
(Leyenda del Yucatán)
Maquech: grandes escarabajos que pasan la mayor parte de su vida como larvas, su transformación en adultos marca el fin de su existencia. Una vez desarrollados, dejan de comer, respirar, y mueren. Los yucatecos lo decoran con piedras brillantes y les colocan una pequeña cadena de oro para poder prenderse en la ropa, las indias lo usan como amuleto. Dicen que el maquech se alimenta de aire y que puede vivir cien años.
Publicado por Abril 1 comentarios
Etiquetas: Leyendas Mexicanas
domingo, 21 de junio de 2009
La Señora del Salto Mortal
Para mitigar sus penas envió a buscar a una hija de su difunta hermana, que debía acompañarlo en su soledad. La joven era hermosa, vana, egoísta y muy coqueta. Aunque se mostraba extremadamente agradecida y satisfecha por el lujo y comodidades que le prodigaba su tío, no por eso llegó a quererlo ni se esforzó en hacerle la vida más agradable. Vistiendo trajes de riquísimos encajes y terciopelos, distraía sus ocios paseándose en el coche de su tío, luciendo orgullosamente su riqueza y hermosura, que bien pronto sedujo a más de cuatro enamorados mancebos. Pero doña Paz recibía despectivamente cuantas atenciones le prodigaban sus rendidos admiradores, en la certeza de que, al morir su tío, sería ella la mujer más rica de México.
Y así fue, efectivamente, aunque bajo ciertas condiciones que hirieron su orgullo en lo más vivo. En el largo testamento en que don Menda la llamaba siempre «mi querida sobrina», legábale todas sus propiedades; pero al final del documento se insertó una cláusula, que debía indispensablemente cumplirse antes de que doña Paz pudiera disponer de un centavo de la cuantiosa herencia.
El testamento decía así:
«y la condición que ahora impongo a mi querida sobrina es la siguiente:
Ataviada con su mejor traje de baile y luciendo sus joyas más preciadas, se encaminará en coche abierto y en pleno mediodía a la plaza Mayor. Allá descenderá del carruaje y se situará en el centro de la plaza, inclinando humildemente al suelo la cabeza, y en esta posición deberá dar un salto mortal. Y es mi voluntad, que si mi querida sobrina Paz no cumple precisamente con esta condición dentro de los seis meses del día en que yo fallezca, no perciba ni un solo centavo de mi herencia. Esta condición la impongo a mi querida sobrina Paz, para que, en la amargura de su verguenza, considere las angustias que yo sufrí por sus crueldades durante mis últimos años».
Herido tan vivamente su orgullo por esta imposición testamentaria de su tío, doña Paz en encerró en las habitaciones de su palacio y nada se supo de ella durante los seis primeros meses, que transcurrieron desde la muerte de don Menda: Y, el mismo día en que finaba el plazo impuesto en el testamento, la gente de la ciudad contempló llena de asombro cómo las hermosas puertas de hierro fundido de don Menda, girando lentamente sobre sus goznes, abrían paso al majestuoso carruaje en cuyo interior lucía esplendorosamente doña Paz su más rico traje de baile y sus valiosas alhajas. En su pálido rostro, los hermosos ojos, entornados los párpados, miraban humildes. De este modo la orgullosa mujer marchó a la plaza Mayor, luciendo su gentileza y rico atavío por las calles más céntricas de la capital, atestadas de gente. En llegando al término de su viaje, se apeó del coche, y precedida de sus criados, que cuidaron de abrirle paso entre la compacta muchedumbre, avanzó hacia el centro de la plaza, donde sus servidores habían colocado una mullida alfombra sobre las baldosas. Allá en el mismo centro y en presencia de todos, dio el salto mortal que exigía el testamento de su tío y heredó su fortuna, después de haber humillado, amarga y vergonzosamente, su indomable orgullo.
(De la web: EnCuentos)
Publicado por Abril 0 comentarios
Etiquetas: Leyendas Mexicanas
sábado, 2 de mayo de 2009
El Origen de las Flores
La viò tan hermosa, que a pesar de que él era rústico, hosco y bruto, se enamoró locamente de ella. Ante el temor de que la linda niña lo rechazara, la raptó y huyó lejos, retumbando sobre el cielo, hasta desaparecer de la vista de los aterrados padres de la chica. Al llegar a la alta y nevada cordillera, la escondió en el fondo de un glaciar. Encerrada allí, fue tanto el dolor y la pena que sintió que de a poco fue enfriándose hasta que se convirtió en un témpano de hielo, fundiéndose con el resto del glaciar.
Tiempo después, Karut quiso visitarla y al comprobar su desaparición, se enfureció terriblemente lanzando bramidos de desesperación. Tanto ruido rodó hasta el océano y atrajo muchas nubes que empezaron a llover y llover sobre el glaciar hasta derretirlo completamente. Así, Kospi se transformó en agua y corrió de prisa montaña abajo en torrente impetuoso. Luego se deslizó por los verdes valles y empapó la tierra.
Al llegar la primavera, su corazón sintió ansias de ver la luz, de sentir la cálida caricia del viento y de extasiarse contemplando el cielo estrellado por las noches. Trepó despacio por la raíz y tallo de las plantas y asomó su preciosa cabecita en las puntas de las ramas, bajo la forma de coloridos pétalos. Habían nacido las flores. Entonces todo fue más alegre y bello en el mundo. Por ese motivo es que los tehuelches llamaron Kospi a los pétalos de las flores.
Publicado por Abril 0 comentarios
Etiquetas: Leyendas Argentinas
sábado, 21 de marzo de 2009
El Fantasma de la Luna Llena
Lleva miles de años así…
Cada luna llena él aparece portando esa máscara completamente blanca. Sus ropas son antiguas y desgastadas, su piel pálida como el mármol y su cuerpo pequeño como el de un niño. Camina sobre el lago, lo cruza hasta cierto punto donde se pone de rodillas y comienza a llorar desesperadamente. -“¡Lo siento!”- grita una y otra vez con un llanto que desgarra el alma y un pesar tan nostálgico que casi provoca ternura…
Así como todos en este mundo también tengo una historia…
Fue en un reino antiguo, cuando las espadas regían el mundo y los castillos se erguían como símbolo de poderío y fuerza. Nuestro rey, un gran hombre. Defendía el pueblo de cuanta invasión se le presentaba, tantas luchas y tantas victorias que era considerado descendiente del propio Fergus. Fue en una campaña por las elevadas tierras de mi patria; cuando algunos ingleses decidieron invadir nuestro reino que una vez más aquel hombre partió a la guerra.
Como siempre una gran batalla seguida de una honorable victoria. Aunque en esta ocasión su rostro quedó demacrado… al ser quemado; nadie sabe como pasó ni por qué. Solo se encontró a nuestro rey tirado a medio campo de batalla cubriéndose el rostro como si esto aliviara su dolor.
La locura pronto tocó las puertas del reino y nuestro rey acomplejado por su rostro, retiraba cada espejo a su paso y asesinaba a quienes se quedaran observándolo durante más de un par de minutos. Tantas muertes hubo y rumores corridos, que al fin cuando la cordura le abandonó por completo decidió usar una mascara… como si fuese un muñeco; una máscara de porcelana que cubría su rostro y no daba cabida a imperfecciones. El decreto recorrió todo el reino; todos los habitantes debíamos usar una mascara similar. Quedó estrictamente prohibido quitarse la máscara ante cualquier circunstancia.
El reino era un desfile de muñecos andantes, gente sin alma cuya identidad había sido robada, arrancada. Como todos ellos, yo usaba una máscara blanca, de labios rojos y con unas casi imperceptibles mejillas rosadas.
Durante algunos años así fue, la máscara era mi compañera y casi mi amiga. Todos en el reino ahora estábamos acostumbrados a las tétricas identidades impuestas por nuestro rey.
En una ocasión conocí a un par de niños, ambos de mi edad quienes vivían al otro lado de la iglesia. La amistad surgió como si fuese una semilla de trigo en los cálidos días de verano. Nos divertíamos, hablábamos, jugábamos, cantábamos y bailábamos siempre con nuestras respectivas máscaras… parecíamos hermanos decían todos los del pueblo.
Una de todas estas noches cuando yo rozaba mis 12 años decidimos que ya teníamos edad suficiente, que no necesitábamos a nuestros padres para hacer ciertas cosas por lo que salíamos sin avisar o pedir permiso así como robamos en repetidas ocasiones y demás actos que aunque eran impropios eran simples travesuras de chiquillos. Pronto entre todas estas actividades nos preguntamos un día como lucirían nuestros rostros; como era nuestra nariz o el color de nuestra piel… durante semanas estas ideas rondaron nuestras mentes distrayéndonos de todas nuestras actividades.
La respuesta no estaba lejos… bastaba con quitarnos las máscaras para saber quienes éramos. Pero no era tan sencillo, pues los alguaciles asesinaban a cualquiera que vieran sin máscara… por lo que decidimos hacerlo una noche en el lago que quedaba en las afueras de nuestra ciudad. A la luz de la luna llena nos quitaríamos nuestras mascaras y averiguaríamos quienes éramos.
Por fin llego la esperada noche… tomé mis ropas que, aunque estaban desgastadas, me parecían súmamente cómodas y partí camino hacia el lago. Allí encontré a mis dos compañeros de toda la vida, quienes no me abandonaban ante ninguna circunstancia ni me dejaban solo cuando les necesitaba.
Tras unas horas de charla y bromas decidimos que era el momento… inclusive nos pusimos a imaginarnos como era nuestro rostro…
Yo fui el primero que se la quitó y vi mi rostro por primera vez reflejado en las aguas de la laguna; tenía una cara blanca con algunas arrugas, imagino que por la falta de sol… mi nariz era respingona y mis ojos ligeramente saltones, los pómulos de mi rostro no sobresalían, mi piel era blanca y pálida con unas pecas casi imperceptibles, un par de labios finos y rosados complementaban mi verdadera cara.
El segundo y el tercero hicieron lo mismo, presentando rostros similares uno con la nariz más grande y el otro con una cara mas delgada, casi tétrica.
La emoción se hizo incontenible, jugábamos y brincábamos a la orilla del lago. Hasta que entre ellos se empezaron a empujar cayendo ambos al lago…Pues ya estando ambos en el agua decidieron nadar durante un rato. Yo decidí observarlos desde la orilla pues nunca aprendí a nadar…
Algunos minutos estuvieron intentando animarme, prometiendo que ellos me enseñarían y que nada malo pasaría. Al notar que yo no me disponía a entrar, ambos salieron y se colocaron tras de mí. Después de algunos instantes de forcejeo que parecieron eternos… aún recuerdo los alaridos y la manera en que mis esfuerzos resultaban inútiles, el fango en mis pies así como el momento en que la gravedad comenzó a tragarme y el agua fría que comenzó a inundar mi cuerpo como un gélido espíritu acompañado de un pánico incontrolable. Tras un par de segundos ya me hallaba sumergido y cuando se dispusieron a devolverme a la superficie noté que una cuerda o lo que fuese… algo en el fondo del lago, se había enredado con mi pierna durante el forcejeo. Estaba a solo unos palmos de la superficie; tan cerca pero tan lejos…
Pronto el pánico se hizo general. Comencé a moverme desesperadamente como si con eso pudiera desenredarme, aun tenia mi mascara en la mano y la desesperante impotencia en la otra. Mi fuerza comenzó a agotarse y mi vista se nublo por completo. Sentí como el agua penetraba por mis oídos así como mi nariz hasta mis pulmones. Una última bocanada de aire surgió de mi boca indicándome que era el final.
Pronto dejé de sentir aquellos brazos que me sujetaban tan firmemente y durante mis últimos instantes de vida escuché como mis amigos salían del lago y me abandonaban a mi suerte.
Aún sigo arrepentido por haberme quitado la máscara aquel día. Aún sigo presentándome a ese sitio cada noche de luna llena… Cada noche busco a aquellos que me abandonaron. Porto mi mascara y mis ropas desgastadas. Cruzo el lago, la sensación de arrepentimiento me acompaña durante todo el trayecto. Aumenta conforme intento cruzar ese lago, se hace cada vez más insoportable. Finalmente hasta el lugar donde caí, no lo soporto y permito que el llanto se apodere amargamente de mí.
Ya es tarde para mí; ahora estoy muerto, pero a pesar de conocer mi destino sigo esperando, quien me rescate, quien salve mi alma de este castigo eterno. Por desgracia no será así, por siempre apareceré tras un grito de desesperación que retumba en el cercano bosque, creando una presencia tal, que me provoca terror aun sabiendo que es mi reflejo en el agua…
(Franko. De Webrelatos)
Publicado por Abril 1 comentarios
Etiquetas: Otras Leyendas
jueves, 12 de marzo de 2009
El río niño
(De la web: Desde dentro hacia fuera)
Publicado por Abril 3 comentarios
Etiquetas: Otras Leyendas